Niños d…

La realidad
Hemos visto que practicarse un aborto es pecado. Es un pecado serio. Pero casi siempre viene a
consecuencia de otro pecado anterior: el sexo ilegítimo. El “amor libre” y la inmoralidad son pecado y
traen mucho dolor y problemas. Muchos embarazos no deseados, tanto de jóvenes como de adultos,
son resultado del sexo desenfrenado. Dios estableció sus leyes de cómo debe vivir el hombre. Él
instituyó el matrimonio.
Dios nunca aprueba la actividad sexual fuera del matrimonio. Por violar las leyes de Dios, muchos están
sufriendo consecuencias serias. Por eso muchos buscan el aborto para no sobrellevar la responsabilidad
de criar a su hijo o por la vergüenza de sus pecados.
Pero, ¿es éste el remedio? No, mi amigo. ¡Jamás! Eso sería amontonar un mal sobre otro; la fornicación
más el homicidio. Dios ha establecido la ley de un solo compañero para toda la vida. Cuando
desobedecemos esta regla, tratando de torcerla, nos trae resultados trágicos. El remedio preventivo,
pues, es someter nuestra sexualidad a las leyes de Dios. Así habrá mucho menos embarazos no
deseados.

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