El aposento alto

 

Perth Gospedl Hall

Lectura Juan 20.19 al 29; un lugar aparte

Muchos de los eventos que tuvieron lugar a partir del día de la resurrección pueden relacionarse con nuestra serie sobre cómo Cristo llegó adonde estaba la gente. Los relatos figuran en Mateo 28, Marcos 16, Lucas 24 y Juan 20, 21.

Otras manifestaciones en resurrección incluyen:

● María ante la tumba, Juan 20

● Un grupo de mujeres de regreso del sepulcro, Mateo 28

● Dos viajeros en el camino de Jerusalén a Emaús, Lucas 24

● A Simón, Lucas 24

● A los discípulos en el aposento alto en dos ocasiones, Juan 20

● A los discípulos en una montaña en Galilea, Mateo 28

● A los discípulos en la playa, Juan 21

● A un grupo grande de discípulos (500), 1 Corintios 15

● A Jacobo, 1 Corintios 15

● A los discípulos antes de su ascenso al cielo, Hechos 1

El Señor se manifestó a gente en la mañana, la tarde y la noche. Apareció en un huerto, en el camino, en una casa, en una montaña y a la ribera de un lago. Apeló a los sentidos humanos, comiendo, hablando, soplando y mostrando las manos, los pies y el costado. Su resurrección fue real, como lo era su cuerpo, con todos los sentidos que hemos mencionado, pero único en el sentido que podía entrar en recintos cerrados y salir de ellos. El suyo era en verdad un cuerpo resucitado y se nos recuerda que en la ocasión del rapto “traeremos también la imagen del celestial”, “seremos transformados”, 1 Corintios 15.49,51.

v. 19 el temor disipado Los discípulos están juntos pero temerosos de los judíos. Las puertas están cerradas pero leemos que “vino Jesús, y puesto en medio” les habló. En un estudio anterior le vimos andando sobre las aguas y en aquella ocasión su presencia ahuyentó el miedo. Es hermoso cuando se le oye decir: “Paz a vosotros”.

v. 20 un hombre genuino “les mostró las manos y el costado” En Lucas 24.39 leemos: “un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”. No sólo se disipa el miedo sino que el regocijo toma su lugar, “se regocijaron viendo al Señor”.

v. 21 comisionados Si bien en Mateo 28 y Marcos 16 se ofrecen mayores detalles acerca de la comisión, aquí es claro que el Salvador les está enviando. Es interesante observar que en el primer “envío”, relacionado con el Padre y el Hijo, el que comisiona se queda atrás, pero cuando el “envío” se relaciona con el Salvador y sus discípulos, ellos son despachados con un acompañante.

v. 22 habilitados El servicio para un maestro exige que sus siervos sean capacitados, así que Él “sopló” sobre ellos. Después del día de Pentecostés, todavía por realizarse, aquellos que eran de Cristo contarían con el Espíritu de Dios morando en sellos. Antes de esa fecha el Espíritu venía y se iba de sus siervos. Véanse Jueces 11.29, Jefté, y 13.25, Sansón.

v. 23 un mensaje de perdón El mensaje versará sobre el perdón de los pecados. Ellos serían los predicadores pero el perdón sería de parte de Dios. El cielo no ratificaba lo que hacían, sino que ellos reconocerían lo que había sido hecho en el cielo. El versículo se entiende mejor como: “Aquellos pecados que ustedes perdonan ya habrán sido perdonados a esas personas, y aquellos pecados que ustedes no perdonan no habrán sido perdonados a esas personas”.

vv 24, 25 bendición perdida Lamentablemente, Tomás estaba ausente. ¿Por qué? No se nos dice pero sin duda él perdió por eso. Perdió estar con el Cristo resucitado, y por ocho días más Tomás no contaba con el poder que vino sobre los otros discípulos. No debemos ser culpables de perder las ocasiones cuando los santos se congregan con el Señor; esta conducta contradice a las Escrituras; véase Hebreos 10.25.

vv 26 al 28 gracia desplegada Posiblemente hubiéramos descartado a Tomás, pero el Maestro no lo hizo. El Salvador visita al grupo de nuevo, Tomás presente esta vez. Lo reta con base en las dudas expresadas tan elocuentemente en el v. 25: “No creeré”. Ahora reconoce claramente: “¡Señor mío, y Dios mío!” Grande fue la declaración de la deidad del Señor Jesús; es Señor, es Dios.

v. 29 bendición prometida Tomás fue bendecido por haber visto, pero se promete una bendición mayor: “bienaventurados los que no vieron, y creyeron”.

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