El Poder de La Biblia

En el año de 1789 un buque de la marina británica salió de Inglaterra para Tahití y las Indias Occidentales británicas. Dos semanas después de salir de Tahití, la tripulación (que a menudo era tratada mal en aquellos días), se amotinó, y, poniendo al capitán y a unos cuantos hombres más en un pequeño barco, confiscaron el buque.

La tripulación tenía miedo de volver en aquel tiempo a algún puerto civilizado. Fueron a una isla solitaria en el Pacífico, donde nunca pudieron ser encontrados. Esa isla solitaria era de una milla de ancho y dos millas y media de longitud. Había agua fresca allí, además de bastantes frutas y víveres, y no había animales peligrosos que les hicieran daño. Toda Los hombres vivían una vida impía con los nativos de la isla, y se fueron muriendo uno tras otro o fueron muertos por otros hasta que sólo quedó un superviviente. Este hombre se llamó a sí mismo Mateo Smith, pero su verdadero nombre era Juan Adames.

Aunque Juan Adames no podía leer muy bien, empezó a leer una Biblia que se encontró en el cofre de un marinero. De la Biblia aprendió que él era un pecador peridido, y no mucho después confió en el Señor Jesús como su Salvador. Su vida impía cambió y luego él empezó a contar a treinta o cuarenta nativos isleños de la salvación por medio del Señor Jesucristo. Empezó una pequeña escuela donde aproximadamente veinte de los niños aprendieron a leer. El llegó a ser su maestro de escuela, enseñándoles de Dios y de Su admirable salvación. Hoy hay más de ciento ochenta nativos en esta pequeña isla, y la mayoría conocen al Salvador o aman la Biblia del cual habla. Ciertamente “la Palabra de Dios es viva y eficaz y más penetrante que una espada de dos filos” (Hebreos 4:12).

No hay ningún libro en el mundo que pueda cambiar las vidas como este Libro, porque nos fue dado por la inspiración de Dios. Este Libro admirable me dice que soy un pecador perdido, y necesito ser salvo de mis pecados. El Señor Jesús sufrió en la cruz para que los pecadores pudieran ser salvos, y ahora desde el cielo El ofrece perdón, paz y absolución a todos los que le reciben a El como su precioso Salvador. Querido lector, no descuides esta oferta de salvación, sino confía en Cristo ahora. Nunca serás llevado por la corriente al cielo. Debes poner tu fe y confianza en el Señor Jesucristo si quieres ir allá. El dice en su Palabra: “El que oye mi Palabra, y cree en El que me ha enviado, tiene vida eterna, y no vendrá a condenación; sino que pasó de muerte a vida” (Juan 5:24).

“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida: y el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida” (1a de Juan 5:11, 12). “El cual se dio a sí mismo en precio del rescate por todos” (1a Timoteo 2:6). ¿Estás soportando el yugo amargo del pecado? ¿Estás encorvado bajo una pesada carga de iniquidad? ¿Eres un esclavo aprisionado por el pecado del reino de Satán y expuesto al cruel látigo de este amo de trabajos sin piedad? ¿Has procurado en vano, de mil maneras, librarte a ti mismo, solamente para llegar a estar más oprimido e indefenso? Entonces, déjame hablarte del Amigo de los pecadores que ha dado Su vida en rescate por todos. ¡En la cruz del Calvario El derramó Su preciosa sangre para redimir a los hijos de la raza caída de Adán . . . para redimirte!

¡Cuán bendito es poder cantar con otros: Soy redimido, mas sin oro; Soy comprado sin caudal; Mas por la sangre que dio Cristo, De Su amor prueba eternal.” “Porque yo amo a Jesús” Pregunté a una muchachita por qué quería hacer lo que era justo. ”Porque yo amo a Jesús,” me contestó. Fue una excelente respuesta. Cuánta gente está tratando de hacer lo que es justo, porque piensa que es el camino de alcanzar el cielo. Cometen una gravísima equivocación, ya que las buenas obras jamás han ganado la salvación para nadie. El Señor Jesús terminó la obra de la redención cuando murió en la cruz; ahora nada hay para el pecador, sino que vaya a Jesús y le confiese sus pecados, y crea que El ha pagado por todos ellos en el Calvario, emblanqueciéndolos en Su propia sangre preciosa. Cuando le conocemos como a nuestro Salvador, será nuestro deleite agradarle y servirle, buscando hacer aquello que es justo y bueno. Como la muchachita desearemos hacer lo bueno porque le amamos. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). (las citas son todas bíblicas)

Toda Correspondencia debe dirigirse a la redacción: Mensajes del Amor de Dios, 35612-11th Avenue S.W., Federal Way, WA 98023 EUA. Se manda un Evangelio del Apóstol Juan al que lo solicite, con límite de un solo ejemplar a cada solicitante. Favor de escribir su nombre y domicilio con letra de molde. Esta publicación se manda gratis al que la solicite.

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