Hebreos 2:14

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,

Jesús asumió la verdadera naturaleza humana en una unión personal con su naturaleza divina, y continúa siendo verdadero Dios y hombre en una persona por siempre. Este es uno de los misterios más profundos de la piedad. ¡Aplícate a estas verdades con la mayor atención! La segunda persona de la trinidad tomó la naturaleza humana en unión personal pero sin confusión, de forma que ambas naturalezas solo hacen una persona: Emmanuel, Dios con nosotros. Aunque adscribimos una doble naturaleza a Cristo, no son dos personalidades. La naturaleza humana fue unida a la segunda persona de forma milagrosa y sobrenatural, entretejido en el vientre de la virgen, que fue cubierta por la sombra del poder del Altísimo. Cristo adquirió un alma humana perfecta y completa, y un cuerpo con facultades humanas. En su naturaleza humana, asumió las debilidades humanas como el hambre, la sed, el cansancio, la capacidad de sangrar o la mortalidad. Las naturalezas están tan unidas que cada una retiene sus propiedades esenciales, pero unidas en una persona. Es apropiado decir que el Señor de la gloria fue crucificado (1 Corintios 2:8), y que la sangre de Dios redimió a la iglesia (Hechos 20:28). Sin embargo, no es apropiado decir que la naturaleza divina sufrió o que la naturaleza humana es omnisciente, omnipotente u omnipresente. Que todos los cristianos entiendan esta gran verdad y se agarren a ella. No dividamos la persona de Cristo o confundamos sus naturalezas. Adoremos el amor del Padre y el Hijo, que tuvieron en tan alta estimas nuestras almas. Ni un concilio de ángeles podría idear un plan tan grande para recuperar a los pobres pecadores. ¡Oh, con qué sabiduría fue elaborado el método para recuperarnos! ¡Oh, felices son los que han echado anclas en ese terreno y conocido la paz! ¡Qué consuelo tan maravilloso saber que el que habita en nuestra carne es Dios! ¡Dios nunca apartará el alma que cree de su consuelo después de haber casado nuestra naturaleza con su propio Hijo!

-John Flavel